Guardarenas: una alianza entre jóvenes y medio ambiente
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- Última actualización: Lunes, 29 Julio 2019 19:37
- Publicado: Lunes, 29 Julio 2019 19:37
- Escrito por Yaite Mora Vázquez
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Camagüey- Dialogar sobre los ecosistemas marinos, visitar las playas e investigar sobre biología pudieran parecer hobbies poco usuales para jóvenes de 15 y 16 años, edades en las que están más atentos a las tecnologías y al universo de las redes sociales. Pero hace tres años que muchachos y muchachas del Instituto Preuniversitario Urbano (IPU) Rafael Guerra Vives de Camagüey han creado conexiones con la naturaleza y encuentran en ella lugar para el recreo y el conocimiento. El Proyecto Guardarenas los ha motivado a aprender sobre ella desde la teoría y la práctica y los ha unido en torno a los saberes ambientales.
Un proyecto que crece
La génesis del proyecto Sandwatch o Guardarenas tuvo lugar en julio de 1998 cuando un grupo de maestros y estudiantes, preocupados por las problemáticas ambientales de las zonas marino-costeras, decidieron asumir el reto de encontrar soluciones en el Taller de Educación Ambiental celebrado ese año en Trinidad y Tobago. Desde entonces Guardarenas se ha extendido a más de 50 países con la premisa de cambiar el estilo de vida y los hábitos de niños, jóvenes y adultos a escala comunitaria, y crear conciencia sobre la fragilidad del medio ambiente marino costero y la necesidad de usarlo con prudencia.
Camagüey eligió en 2016 como sede del proyecto al IPU Rafael Guerra Vives, escuela asociada a la UNESCO. Dos grupos de 40 estudiantes en total ponen en práctica las acciones del proyecto que busca educar para el desarrollo sostenible y la adaptación al cambio climático.
La joven Gretel Pavón Castellano, investigadora del Centro de Investigaciones de Medio Ambiente de Camagüey (CIMAC), lidera el proyecto y a través de sus clases de Biología despierta el amor por la naturaleza de una manera distinta. No solo se centra en los conocimientos que pueden encontrar en los libros, va más allá y les permite ser protagonistas de acciones ambientales que marcan sus vidas y crean en ellos el compromiso de ser hombres y mujeres que respetan y cuidan el medio ambiente.
“El proyecto busca educar a la nueva generación para crearle conciencia ambiental, —explica Gretel— pues se acerca el período fatídico donde dicen los expertos que el cambio climático se volverá irreversible y esta es una de las tareas que enfrenta la UNESCO para revertir el proceso de cambio climático en nuestro planeta”.
Laudelina Pérez Zayas, directora del IPU Rafael Guerra Vives, señala: “Nosotros decidimos como escuela asociada a la UNESCO no quedarnos atrás en las acciones desplegadas a raíz de la Tarea Vida y contribuir a la educación ambiental con vistas a enfrentar los efectos del cambio climático. Aunque los estudiantes viven en la ciudad pueden aportar a la preservación de las playas desde sus estudios y futuras carreras y sumar a sus familias”.
Yenny Yoana Domínguez Jiménez estudia en 10mo grado y dice que conoció el proyecto a través de su profesora guía Iris Castellano y de Gretel Pavón, que es su profesora de Biología. “Ellas me hablaron del proyecto Guardarenas y de sus objetivos y decidí integrarme. Me vinculé desde que empezó el curso porque los alumnos de 12 grado nos entregaron el proyecto a nosotros los de 10mo. Desde entonces hemos desarrollado varias acciones de corte ambiental: entre ellas ir a la playa a recoger desechos sólidos, reciclar y recibir clases sobre medio ambiente”.
Otro grano de arena
“El objetivo que nosotros defendemos es proteger las playas y sus ecosistemas y gracias a lo que hacemos contribuimos a mantenerlas, porque son el destino turístico principal de nuestro país, nos brindan diversión y habitan muchas especies”, señala Yenny Yoana.
Los estudiantes han aprendido a hacer mediciones de playa, contabilización, mapeo de las zonas de las playas, descripciones florísticas y faunísticas y la caracterización social de la zona con entrevistas que realizan a los bañistas para medir cualitativamente la calidad de las playas en la zona de Residenciales donde sesionan actualmente en Santa Lucía.
Explica Laudelina Pérez, que “en la playa de Santa Lucía, que es nuestro lugar de referencia, ellos han visitado la Casa de Materias Primas y han aprendido cómo se recicla, han realizado recogidas de desechos sólidos y han repartido volantes que explican las razones por las cuales las viviendas no deben estar a la orilla de las playas”.
Estos conocimientos les permitieron presentar trabajos científicos en el evento de Pedagogía 2019 y obtener la categoría de Relevante.
“Nos divertimos y aprendemos mucho —dice Yenny—. Hace poco fuimos un sábado a la playa de Santa Lucía. Allí nos recibieron compañeros del CIMAC que están trabajando allá y el director de Calidad del Hotel Caracol. Nos mostraron cómo funcionaba el hotel y luego fuimos al frente de playa y los especialistas nos explicaron cómo había sido antes y después de los huracanes Irma y Ike. Luego hicimos una recogida de las algas que estaban en la orilla de la arena. Fue un espacio de intercambio para aprender sobre las playas”.
Para Anna Maday Ramírez Basulto este curso ha sido una experiencia única. “A mí me gustó mucho y aprendimos cantidad sobre cómo cuidar el hábitat de los animales y sobre diferentes especies que habitan en la playa”.
Dairelis Iraola Chávez confiesa que lo que más disfruta es “podemos visitar lugares y así conocer más sobre ellos: las playas y los animales que allí viven y lo que debemos hacer para cuidarlos, porque somos parte del ecosistema y sin él no podemos vivir”.
“La experiencia de ir a hacer limpieza de playa fue muy bonita —cuenta Dairelis—. Yo no lo había hecho antes. Me gustó mucho limpiar el frente de playa para que así las personas puedan disfrutar de la playa y el lugar esté limpio y tenga una mejor vista”.
Sin embargo el impacto de esa acción ecologista no quedó solamente en la playa. Cuando regresaron al hogar se convirtieron en educadores ambientales para sensibilizar a las familias.
“Al llegar a nuestras casas les contamos a nuestros familiares las anécdotas de lo que vivimos con Guardarenas, les mostramos las fotos, les contamos cómo nos divertimos ayudando al medio ambiente y así los concientizamos más a ellos y los unimos más a nosotros. Ellos nos ayudan también a realizar tareas de Guardarenas y de la asignatura de Biología”, cuenta Yenny Yoana.
La educación ambiental es el logro principal
A Gretel se le ilumina el rostro cuando habla de sus estudiantes y de cómo la han ayudado a reinventarse y encontrar nuevos caminos para acercarse a la difícil labor de educar y crear conciencia ambiental desde edades tempranas.
“Esta experiencia ha sido maravillosa. Ellos también han sido profesores míos y me han enseñado a ver la vida desde un punto de vista más fresco, a irme por otras aristas y a saber comunicarme, a llegar a una generación formada desde las tecnologías y que conoce muy poco de lo que es dejarlas a un lado y hacerse de lo natural”.
Dice que ha conseguido cambiarles la mentalidad sobre temas ambientales. Incluso un estudiante ha descubierto que su vocación está en la Biología Marina y encuentra en el proyecto una formación que le sirve de antecedente para asumir la carrera. “También pueden salir geógrafos, agrónomos o incluso económicos, porque para ser ambientalistas no hay que encasillarse en las ciencias naturales. Se trata, sencillamente, de tener una mente pro-naturaleza”.
El resultado más preciado está en la educación ambiental y la formación vocacional de quienes integran el proyecto. De la generación que se graduó este año hay algunos estudiantes que optaron por carreras de ciencias naturales.
“El segundo resultado más importante es el posicionamiento del CIMAC a nivel internacional. Los representantes de la UNESCO, que nos visitaron en abril de 2019, quedaron gratamente impresionados porque es el único grupo del país que está sesionando desde un punto de vista tan científico”, manifestó Pavón Castellanos.
Otro logro es la sensibilización y el cambio de pensamiento de los estudiantes que “son más conscientes a la hora de realizar actividades que provoquen desechos y son capaces de hacer un llamado entre ellos mismos y hacia la familia de lo que es concientización ambientalista”.
Para Gretel Pavón el primer paso radica en fomentar el cambio en esta generación porque los jóvenes de hoy serán los padres de mañana. “Si logramos hacer que estos estudiantes cambien su manera de pensar influirán en sus padres, pero no tanto en sus padres como en sus futuros hijos y en la futura sociedad que ellos van a componer. Si lanzamos un pequeño canto rodando montaña abajo podremos crear una gran avalancha y eso es lo que estamos buscando: crear esa gran avalancha ambientalista para mejorar el futuro de la naturaleza”.
Laudelina Pérez confirma que el proyecto les permite un aprendizaje desarrollador y no solo tributa a la educación para el desarrollo sostenible desde la Tarea Vida, sino al contenido de las asignaturas. “Los conocimientos relacionados con el mal estado de las dunas y las acciones para la protección de las playas se relacionan con la asignatura de Biología. Cuando trabajan los desechos sólidos establecen nexos con Química. En Español pueden redactar textos sobre estos temas y desarrollar la expresión oral y en la asignatura de Historia los vinculamos con acontecimientos de la historia local”.
A los jóvenes que no conocen del proyecto o que aún dudan si participar en él Dairelis les convida a incorporarse “para que conozcan más sobre el medio ambiente, sus especies y hábitats, cómo cuidarlos y mantener un frente de playa limpio y contribuyan a hacer del mundo un lugar mejor”.
Yenny Yoana les dice con convicción que “Guardarenas busca intercambiar con los jóvenes para darle vida a nuestro planeta y sanar esas heridas que le hemos provocado. Compartimos con amigos y aprendemos, porque es deber de todos los seres humanos cuidar la naturaleza” (Texto: Damaris Hernández Marí/CIMAC y Fotos: Cortesía del Proyecto)